La atención médica es fundamental para el cuidado y bienestar de las personas, especialmente durante la infancia y adolescencia. Durante estos años, es común que los niños y jóvenes sean atendidos por pediatras, especialistas en la salud de los más pequeños. Sin embargo, es importante saber hasta qué edad se puede seguir acudiendo a un pediatra y cuándo es necesario cambiar a un médico de adultos.
Hasta los 18 años, y en algunos casos hasta los 21 años

En general, los pediatras atienden a los niños desde su nacimiento hasta los 14 años. Durante este periodo, se encargan de realizar los controles de crecimiento y desarrollo, administrar las vacunas correspondientes, tratar enfermedades comunes de la infancia y brindar orientación a los padres sobre la crianza y cuidado de sus hijos.
Sin embargo, existen casos en los que se puede extender la atención pediátrica hasta los 18 años e incluso hasta los 21 años. Esto ocurre principalmente en situaciones en las que el paciente presenta alguna condición médica crónica o discapacidad que requiere un seguimiento continuo. En estos casos, el pediatra puede continuar siendo el médico de cabecera del joven hasta que sea necesario realizar la transición a un médico de adultos.
La transición de la atención pediátrica a la atención de adultos es un proceso gradual que se lleva a cabo en colaboración entre el pediatra, el joven y el médico de adultos. Durante este periodo, se busca asegurar una transición sin problemas y garantizar que el joven reciba la atención médica adecuada para su edad y necesidades.
Es importante tener en cuenta que la edad exacta en la que se produce el cambio de médico puede variar dependiendo del país y del sistema de salud. En algunos lugares, la transición puede ocurrir a los 18 años, mientras que en otros puede ser a los 21 años. Por lo tanto, es recomendable consultar con el pediatra o con el sistema de salud local para obtener información precisa sobre el proceso de transición en cada caso.
La transición de la atención pediátrica a la atención de adultos implica varios aspectos importantes. En primer lugar, implica un cambio en el enfoque de la atención médica. Mientras que en la infancia y adolescencia se centra en el crecimiento y desarrollo, en la edad adulta se enfoca en la prevención y manejo de enfermedades crónicas y en la promoción de un estilo de vida saludable.
Además, durante la transición se busca fomentar la autonomía y la responsabilidad del joven en relación a su propia salud. Se le brinda información sobre su condición médica, se le enseña a manejar su medicación y se le orienta sobre la importancia de llevar un estilo de vida saludable. También se le ayuda a desarrollar habilidades de autogestión y a buscar apoyo en la comunidad y en otros profesionales de la salud.
En cuanto al proceso de transición en sí, este puede incluir varias etapas. En primer lugar, se realiza una evaluación de la madurez y capacidad del joven para asumir la responsabilidad de su propia salud. Luego, se establece una comunicación abierta y continua entre el pediatra, el joven y el médico de adultos para asegurar una transición sin problemas.
Además, se pueden realizar visitas conjuntas entre el pediatra y el médico de adultos para que el joven se familiarice con su nuevo médico y se sienta cómodo en su nueva atención médica. También se pueden proporcionar recursos y apoyo adicional, como grupos de apoyo para jóvenes que están pasando por la transición.
La atención pediátrica generalmente se brinda hasta los 14 años, pero en algunos casos puede extenderse hasta los 18 años e incluso hasta los 21 años. La transición de la atención pediátrica a la atención de adultos es un proceso gradual que busca asegurar una atención médica adecuada y una transición sin problemas. Es importante consultar con el pediatra o con el sistema de salud local para obtener información precisa sobre el proceso de transición en cada caso.






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